jueves 5 de junio de 2008

¿Podemos?

Hemos aprendido a no creer en nada. Desde que bajamos de los árboles y dejamos de andar a cuatro patas, nos hemos llevado tantos chascos que hemos perdido la fe. Dios no da señales de existir, los políticos no cumplen lo que prometen y los anuncios de la televisión nos engañan. Nos hemos vuelto tan desconfiados que, por no creer, no creemos ni en nosotros mismos.

Hasta que toca Eurocopa, como este año, y afirmamos, completamente convencidos, que esta vez la selección española pasará de cuartos de final. Sí, señor. Con un par.

Está claro que la realidad supera a la ficción. Dicen que la fe mueve montañas, pero no tengo yo muy claro que además meta goles.

miércoles 16 de mayo de 2007

Entre Fantasmas, M. D.


Vaya, parece que a alguien se le ha ido la mano en la redacción del periódico y ha mezclado churras con merinas, quiero decir, House y Entre fantasmas. La verdad es que tiene su gracia. No me imagino a Jennifer Love-Hewitt haciendo de médico (la pobre mujer se moriría del agobio y tendría que cogerse una baja por estrés), pero tiene que ser impagable ver al doctor House ayudar a los espíritus a pasar al otro mundo a golpe de ironía y diagnóstico diferencial. Bueno, siempre y cuando se lo merecieran. Ya se sabe: los espíritus siempre mienten.

sábado 12 de mayo de 2007

Una galleta en la estación


No tenía ni idea de que las galletas también usaran el transporte público, hasta que me encontré con la de la foto la otra noche en la estación de Coslada. Ahí estaba, tranquilamente sentada en un banco, esperando al tren sin molestar a nadie. Me parece estupendo, la verdad. Me gustan las galletas; si además son educadas, mejor que mejor.

miércoles 25 de abril de 2007

Estados carenciales

Le falta algo, pero no sabe exactamente qué.

Lo busca en todas partes, a cada momento, pero a veces le entran dudas. Si no sabe qué busca, ¿cómo va a encontrarlo? Si no sabe lo que es, ¿cómo sabe que le falta?

Y, sin embargo, no puede dejar de buscar.

lunes 16 de abril de 2007

Rutina

Tiene mala prensa. Es un invitado inesperado que arruinará tu vida si le dejas quedarse demasiado tiempo, un insecto que te volverá gris y aburrido si te pica. Es vulgar y mediocre. No tiene glamour, y nunca estará de moda. Sin embargo, nos aferramos a ella con todas nuestras fuerzas. La rutina nos hace sentir seguros en este mundo caótico por naturaleza, y los cambios que amenazan con hacerla desaparecer no siempre son bienvenidos. La despreciamos, pero cuando la vemos en peligro, somos capaces de cualquier cosa para conservarla, porque sabemos que sin ella no tendremos más remedio que enfrentarnos a la terrible incertidumbre.

Somos animales de costumbres; los grandes cambios no son para nosotros. Preferimos seguir quejándonos de lo aburrido que es flotar en estas aguas tan tranquilas a correr el riesgo de vernos arrastrados por la corriente.

domingo 8 de abril de 2007

Mala memoria

Se me ha vuelto a olvidar tu cara. Podría echarle la culpa a mi mala memoria, pero no lo haré. Porque si en vez de tener que limitarme a mirarte pudiera alargar el brazo y recorrer tu cara con mis manos, estoy segura de que no volvería a olvidarla jamás.

martes 3 de abril de 2007

Lunes

Era lunes. Había dormido poco y madrugado mucho. Parecía que iba a ser un día tranquilo en el trabajo, con la oficina medio vacía y el sol iluminando mi mesa; pero las nubes y los correos electrónicos se encargaron de que la calma durara poco. Puedo soportar bastante bien el hecho de tener a varias personas pidiéndome que resuelva sus problemas urgentemente. Lo que puede conmigo es que esos problemas no se dejen resolver.

Comí sola. Trabajé media hora de más. Cuando estaba a punto de salir del edificio, me di cuenta de que me había dejado la tarjeta de seguridad sobre la mesa. Subí las escaleras, aporreé la puerta, esperé a que alguien me abriera, cogí la tarjeta, bajé las escaleras. Desganada y medio dormida, atravesé la puerta principal y la verja de entrada, y procedí al ritual diario de sacar el reproductor de MP3 del bolso, desenrollar el cable, ponerme los auriculares en las orejas, encenderlo y darle al play. Bastaron las primeras notas de Is It Any Wonder para dibujarme una sonrisa (leve, pero sonrisa al fin y al cabo) en la cara. El sueño y el cansancio desaparecieron como por arte de magia. Ni siquiera me importó perder el autobús.

No soy nada sin música.